jueves, 27 de diciembre de 2012

No name, just a balance.

Pasar otra navidad con mi familia ya me generaba tristeza. Las fiestas se habían convertido indefectiblemente en un parámetro para saber cuán desvinculado me encontraba con los que se suponen que son mis seres queridos.

De mi parte yo siempre quise estar, siempre supe lo importante que es para mi vieja ese festejo que lo valoraba más allá de ser una ferviente católica. A mi tampoco me desagradaba, eran 3 o 4 horas que tratábamos de ser una familia unida y al menos por ese lapso de tiempo parecía funcionar.

La cuestión es que los años suman problemas no resueltos y el rencor se vuelve palpable al nivel de no ser soportable. Por eso mi hermana dijo que no iría a nochebuena porque le parecía "aburrido", por eso mi hermano; por más que estaba con nosotros, se quedaba por el hecho de que tenía un hijo y no tenía lugar donde dejarlo. Por eso mi viejo dijo que se sentía mal y brindamos sin él como a las doce y cuarto de la noche del día 25. Éramos solo 4 personas las cuales solo 2 querían estar.. mi vieja y yo.

Salí a la una de la noche trayecto a mi casa con una sidra y una tuca bien cargada mientras cantaba Home Sick Home tratando de emular a Mike Patton. Últimamente los vicios ayudaban a pasar los momentos más chotos de manera más holgada.

Irónicamente, el efecto que produjo en mi fue que las 25 cuadras que distan de la casa de mis viejos a la mía se convirtieran en un espacio para reflexionar el año que pasó pero no de una forma común. Las absurdas analogías que suelo hacer me vinieron a la mente en base a 2 recuerdos contrapuestos que me generaron cierta curiosidad porque definitivamente no creo en las coincidencias y efectivamente que haya pensado eso en este momento tenía que tener algún tipo de significado.

***

Hace unos meses atrás en el trabajo, pasando los momentos más álgidos del invierno, el supervisor nos informa que va a llamar por tanda de 2 personas porque nos quiere mostrar una escucha de un servicio de emergencia. Una vez pasada la primer tanda, uno de mis compañeros que participó de la misma me dice al pasar con los ojos enrojecidos "me parece muy de mala leche que nos haga escuchar esto". Semanas después este mismo compañero renunció al trabajo indicando que esa escucha le hizo pensar que no era saludable seguir allí.

Pero volviendo a dicho momento, mi turno de escuchar el llamado había llegado y fui tranquilamente al encuentro del supervisor para que termine con esto de una vez. Lejos de ser una sorpresa, la llamada efectivamente era un golpe bajo, realmente no entendía la necesidad de hacernos escucharlo ni aún aduciendo que tenía un fin didáctico.

La escucha nos mostraba como un compañero de la contraguardia hacía un RCP fallido. Específicamente un padre llama desesperado porque su hijo de 1 año se encontraba inconsciente en el piso sin ningún tipo de reacción. El operador indica correctamente el RCP.... pero de un adulto. Esto significa que le indicó al padre de la criatura que extienda los brazos sobre el pecho del niño y mande todo el peso de su cuerpo a esa zona. El  resultado era más que evidente, no solo los huesos de la costilla, siendo tan frágiles a esa edad, estallaron sino que le empezaba a salir sangre por todos los orificios existentes.

Los gritos del padre desaforado eran escalofriantes "reventé a mi hijo!" decía con total desesperación. El operador se encontraba desesperado y no sabía que decirle; escuchar de fondo los llantos desesperados ante ésta situación demoledora le quitaba el aliento a cualquiera. El móvil por suerte había llegado finalizando la escucha lo cual produjo alivio a mi y a mi compañero que se veía horriblemente perturbado.

-No me parece que nos hagas escuchar esto - Le dije con total franqueza

- Somos operadores de emergencias entre otras cosas, tenés que estar preparado para este tipo de llamados.

- Esto es muy fuerte, a ese pibe hay que echarlo - replica mi compañero

El supervisor asiente con bastante rabia 

- No sé como este flaco sigue laburando acá.

Yo vuelvo a lo mismo, ya bastante molesto.

- Nos podrías haber explicado de que trataba el llamado y ya, sigo sin entender tu morbo

- Mi morbo? Chicos, mi trabajo es mostrarle esto para que estén preparados y no se equivoquen como él.

- Evidentemente no me entendés - Digo resignado - Pero se equivocó, no hay que crucificarlo - finalizo.

Esto provocó que la discusión se volviera más fuerte lo cual hizo que el resto de mis compañeros se acercasen a ver que sucedía.

- Eso lo decís porque vos no tenés hijos - Me rebate con un argumento endeble

Efectivamente era prácticamente el único de mi guardia sin hijos, lo que al parecer me desacreditaba para opinar sobre un error humano. 

- No entiendo porque mi opinión es menos válida por no ser padre, igualmente sabés que es muy probable que el bebé estuviera muerto mucho antes de que el padre hiciese la llamada.

Ante esa respuesta la guardia se puso a gritos con un intercambio de palabras no muy favorables hacia mi  persona, trato de interrumpir elevando la voz un poco más fuerte que el resto.

- Muchachos no me malinterpreten, a todos nos pone mal este llamado, me parece una locura tener que escucharlo. Es como el padre que cree que tirando a su hijo al río le va a enseñar a nadar. Fuera de eso es más que probable que este pibe sea nuevo y no haya sido capacitado como corresponde.

- El chico es nuevo, pero dudo que haya sido mal capacitado - responde fríamente el supervisor.

- Entonces vos decís que el operador hizo un RCP mal a propósito? Le digo irónicamente

- No, yo creo que se dejó llevar por los nervios y se equivocó

- Y vamos a crucificarlo porque se equivocó? Esto es una tragedia tanto como para los padres como para el pobre flaco que se equivoco, obviamente no al mismo nivel pero ya mucha culpa debe sentir como para que nosotros lo critiquemos.

No hizo mucha mella lo que dije, ya que el resto de la guardia escupía frases armadas como "si fuera mi hija lo voy a buscar y lo mato" o "Lo tendrían que rajar a la mierda".

Todos somos víctimas de las presiones de la sociedad, cualquier acción que hagamos en favor o en contra de cualquiera de manera directa u indirecta tiene su consecuencia plena de una forma u otra. Si no te juzga un tercero tu remordimiento hará el trabajo.

En base de una equivocación el juicio de los terceros me parece una hijadeputez. Ser víctimas del juicio público solo fomenta la idea de que no nos podemos equivocar y el hecho de la infalibilidad solo existe en no hacer nada. El que no hace nunca se equivoca.

El caso mencionado anteriormente es grave, definitivamente, pero no existe intencionalidad en el acto. Estuve todo ese mes preguntando si el flaco seguía laburando con nosotros. Esperaba que así sea, aunque realmente me había afectado el llamado y estuve como una semana recordando los gritos desesperados del hombre frente a la impotencia de ver a su hijo sin vida.


***

Recuerdo cuando empecé atender emergencias, pasó casi media década de esto. No era algo que me llenaba pero definitivamente era mejor que atender otro tipo de consultas para mi, ya que no tenía que ser amable para enviar una ambulancia, como mucho contenedor y no me resultaba de por sí complicado mantener la situación en control debido a la frialdad que me caracteriza.

También recuerdo que no había sido capacitado más que en el sistema y solo me dieron un glosario de las diferentes afecciones graves que podría llegar a atender. Irónicamente decidí recabar más información sobre otros procedimientos que no figuraban en el glosario solo para reforzar algo que deberían haberme informado ellos.

Nunca supe que me podía servir hasta que me llegó ese llamado.

Una madre llamaba desesperada porque su bebé no respiraba, tenía los ojos abiertos pero no emitía sonido alguno. La mujer presa del llanto no podía hacer lo que le pedía así que le pedí que me pase con el marido. El hombre mucho más tranquilo escuchó mis ordenes que básicamente las estaba leyendo de internet con total nerviosismo, pero trataba de la mejor manera de no demostrar incapacidad alguna para controlar la situación.

La garganta del bebé estaba atascada con un juguete, al no llegarle aire al cerebro su pequeño cuerpo estaba entrando en paro. El hombre quería meterle la mano en la boca para sacarle el objeto pero le grité que no lo hiciese ya que podría ser contraproducente y atascarlo más. Le pedí que lo ponga boca abajo sobre su pierna y le empezara a dar golpes secos en la espalda para que expulse el juguete.

El bebé escupió el juguete y recuperó la consciencia segundos unos segundos más tarde.

Lo que vino después me resultó engorroso, el padre diciendo que le salvé la vida a su hijo en pleno llanto y que podía contar con él para lo que sea. Le respondí que el único que salvo la vida de su hijo fue el y que solo le dí las mínimas instrucciones. Un par de compañeros me felicitaron pero nadie con jerarquía en la empresa dijo algo al respecto, lo cual más allá de lo injusto me resultó aliviador, no me interesaba ser un ejemplo de nadie.

A lo que uno va con esto es que los errores o las metas incumplidas son suficiente carga para uno para que otros lo remarquen. Por el contrario tus logros no son muy felicitados y no queda muy pendiente en el recuerdo de la gente. Lo bueno jamás dura.

Tal vez por eso mi balance del año es complejo....

No terminé con mi libro aunque crecí un montón como escritor, pero lo primero es lo que prima en mi.

No me compré el depto pero estoy mucho más cerca. Muchos en mi familia me recuerdan que no tengo lugar propio y que jamás debería volver a casa; lo cual prefiero tomar como incentivo más que crítica.

La facultad fue un relativo triunfo, porque todavía queda demasiado por recorrer y la culpa de no haber empezado y continuado, o en el mejor de los casos, terminado me persigue todavía.

Conocí muchísima gente nueva lo cual me abrió un mundo mucho más amplio, pero no llegué a conocer a alguien que realmente me moviera compartir cosas importantes.

Y el 2013 empieza.... y entiendo que ponerme metas es una forma de reconocer que hay mucho por recorrer todavía.

Pero desde que empecé este trayecto por más pálidas que haya tenido jamás perdí las ganas.

Y con eso es lo que me quedo.


Gracias por compartir mis pensamientos durante este año, lectores en silencio y algunos que me lo hicieron saber por otros medios, es reconfortante saber que le llego a mucha gente.

Y realmente lamento a aquellas personas que esperaban que continuara haciendo un blog de mero humor... sinceramente ya no me nace que sea solo eso y últimamente necesitaba hacer catársis lo mejor posible.


Gracias de nuevo por estar, un buen 2013 para todos.







jueves, 13 de diciembre de 2012

The Shallowness

El marketing es nefasto. Cualquier persona que se desenvuelva en ese rubro no es más digno que un criminal de poca monta. Su trabajo es marcadamente una tergiversación en base a un relato absurdo, en ésta su misión es más que simple; multiplicar nuestras necesidades que deberían ser simplemente dividas o acotadas en un plano de consumo menor.

Mientras este mundo sufre de una superpoblación incontenida, estos lacayos de corporaciones nos enseñan con ingeniosas publicidades que en verdad lo que consumimos diariamente no es suficiente. Que en verdad la razón de nuestra infelicidad es que el televisor no alcanza un nivel de pulgadas lo suficientemente amplio para compararlo con el vecino, o que un celular que tiene una función definida por agregados menores valga hasta 500 dólares más que uno básico.

En salud es inclusive más grave. Cómo hacemos atractivo el concepto de salud? En términos de publicidad mostrando una familia de tez preferentemente blanca jugando en el parque en toda su plenitud, una hija y un hijo para que encaje en el cuadro de paridad. Eso si, nunca hay un viejo en esas publicidades y todos sabemos porque. Tampoco muestran imágenes del quirófano donde se hace una operación que podría salvar la vida de esa persona porque no es estéticamente comercial. Por el contrario muestra de afuera sus instituciones como si de hoteles de lujo se trataran y jamás nombra a los médicos que trabajan en éstos lugares, que son básicamente los que dan prestigio a una institución.

La funcionalidad en este sistema es el último escalafón que interesa. La imagen es prioritaria es mostrar como se ve uno usando ese producto y no que sucede a largo plazo.

Me veo muy bien fumando..... cáncer, accidente cerebro vascular, enfisema pulmonar

Mi familia la pasa muy bien en Mc Donalds..... obesidad, diabetes, problemas cardíacos


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- Te gusta el cine?- Me dice mientras abandona los últimos jadeos del acto previo

- Claro!- Le respondo con una mezcla de  entusiasmo y cansancio. A su vez me preguntaba porque no habíamos hablado antes del tema.

-Ahh, a mi no me gusta el cine, la verdad

- Eh?! Por?

- Porque las películas son muy largas y me pierdo, además la mayoría terminan mal y no dejan un mensaje.

- Si te gusta ver cine no creo que te moleste que sean cortas o largas y con respecto al mensaje, las películas que "terminan mal" también pueden dejar un mensaje. Igual te referís a que terminan mal por qué la trama tiene un final tonto o mal filmado? No entiendo.

- No, no, por ejemplo que todos mueran al final, eso está mal! - Dice totalmente convencida.

- Pero...no sería un poco monótono que todas las películas terminen de forma feliz? Cuál sería el desafío?

- Qué desafío? Yo no miro películas para que me desafíe, solo la quiero pasar bien.

- Entonces qué importa el mensaje? También la podés pasar bien aunque tenga un final triste.

- Nooo, yo me pongo mal si termina mal - Insiste.

- .... Está bien - Digo resignado

- No estás de acuerdo?

- Creo que nunca estuve tan en desacuerdo con alguien.

Y esa era la cuestión. Qué hacía con una mujer que tenía este tipo de pensamiento? La respuesta mi cerebro la dividía en 2 partes. Primero yo no "estaba" con nadie, esto era meramente circunstancial. Segundo, lo circunstancial en consecuencia tiene una justificación meramente superficial; su cuerpo era increíblemente atractivo, por lo cual me invitaba instintivamente a estar con ella.

Pero también si me pongo a hilar fino, desde que me mudé nunca tuve tantas relaciones casuales donde ni siquiera sabía el apellido de cada una de ellas. Es como un vaivén de intenciones meramente carnales donde lo demás es mera excusa, lo que pensaba, lo que sentía era tan accesorio para mí como para la otra persona  y al parecer funcionaba hasta cierto punto.

Pero a la larga, como muchas cosas en la vida, son excusas. A partir de los estereotipos físicos simplemente me convertí en alguien superficial a la hora de interactuar (en muchos caso, no todos) con el sexo opuesto.

Lo peor de todo es que al no haber feedback, las relaciones solo se dictaminan bajo la lujuria, un momento que supera el esparcimiento a un hábito poco redituable al largo plazo.

Un gran amigo me dijo hace tiempo "Tu problema es el karma de los escritores, tu ego solo condice que para ser un buen narrador tenés que ser una persona obligatoriamente solitaria"

Si me pongo a pensar que solo me enamoré 2 veces en mi vida puede que  tenga razón. Y más si al otro día al viajar en subte me crucé con una mujer muy parecida a una de ellas y a diferencia de lo que suelo hacer cuando me gusta alguien, simplemente me quedé en el molde. Verla leyendo un libro mientras mostraba un intento de sonrisa me trajo recuerdos complicados.

Y pareciera que ya no quiero complicarme más la vida, lamentablemente.



jueves, 29 de noviembre de 2012

Defy the basterds

El mundo es un tedio. Esto por supuesto es una declaración basada en la vida cotidiana que todos sufrimos, o mejor dicho sin querer arrogarme los sentimientos ajenos, lo que yo siento.

Desde que me mudé hace casi año y medio empecé un proceso de fagocitar una rutina que hasta el día de hoy apruebo como única solución a algo que se aproxime lo más posible a lo que llaman felicidad.

Irónicamente este proceso comprende de tener que aguantar jefes que no te representan, profesores incompetentes, o una familia que omite tu existencia (hasta que te necesitan) entre otras cosas. Lo peor es que los fines de semana no son tal para mi, en mi caso la semana nunca termina.

Al almacenar bronca por lo anterior mencionado cuando salís a la calle sos una tromba de destrucción masiva. Puteás al colectivero, al peatón, al clima y todo que se te cruce en tu camino.

Por eso, hace unos meses me puse a analizar como hacía cuando era más pendejo para lidiar con mi familia, como hacía para sentirme mejor en esos momentos donde la presión te socavaba el pecho. Lo primero que se me vino a la mente eran 2 puntos clave de lo que era mi persona en ese momento.

1- Soy un caradura y no me importa 3 carajos lo que piensan los demás

2- Claramente era verborrágico.

Lo segundo y lo más importante de todo es que... sigo siéndolo.

Entonces ahora si puedo cuando entro al subte, cargo la tarjeta y espero que me miren saltar el molinete como un idiota. O les reclamo a los pasajeros que tienen que respetar la franja de los andenes ya que se pueden caer (esto por supuesto en un tono pseudo moralista) "Hay menores viendo señora,  alguien quiere pensar en los niños por favor?".

Antes me peleaba a muerte con el colectivero cuando no me dejaba subir al colectivo. Llegaba a reventar a patadas la puerta y putear como un desquiciado. Hoy solamente busco la manera de colarme, lo cual produjo una odisea entre chofer/pasajero que sigue hasta el dìa de hoy.

La lógica es simple, los colectiveros no dejan subir gente en algunas paradas porque refieren que el colectivo  está lleno, lo cual no es cierto ya que en verdad todos quedan voluntariamente atorados adelante. Como el chofer no tiene huevos de decir "métanse en el fondo o no arranco" los que esperamos en la parada sufrimos  el egoísmo y la desidia en forma de combo.

Pero hay una realidad y como un globo lleno de helio "todo lo que sube tiene que bajar" entonces.. Por qué no subir por donde bajan? Empecé a practicar dicha técnica como un acto reivindicativo y abusando del hecho de que efectivamente el colectivero no podría venir a buscarme porque "todos quedan atorados adelante."

Las primeras 2 semanas esto funcionaba a la perfección, habré estado sin pagar boleto al menos durante ese tiempo. Después los colectiveros decidieron cambiar de estrategia y dejaban a los pasajeros que bajaban metros adelante, entonces yo me ponía metros adelante también a propósito mientras la horda resignada que esperaba en la parada miraba como nuevamente me colaba.

Los colectiveros decidieron ir más allá y dejar a los pasajeros en la esquina otra cuadra, irónicamente después de un tiempo me habían calado la onda, ya que viajaba siempre en el mismo horario y hacía lo mismo. Me causaba gracia ver como el chofer me fichaba y aumentaba la velocidad para ir a la otra manzana. Ante esa situación decidí cambiar nuevamente la estrategia y ponerme justamente en la esquina a esperar al colectivo pero esta vez atrás de un árbol para que no me vean. Sin arrogarme un triunfo pleno tengo que decir que el resultado es satisfactoriamente mixto (50/50 de chances), pero nunca me interesó ganar o perder en esaa estupidez; simplemente el hecho de hacerlo me generaba satisfacción.

Otro ejemplo es en el gimnasio, donde volví hace unas semanas y tengo que lidiar con egomaníacos musculosos. Cuando me toca compartir una máquina con alguno de ellos y termino de usarla le pongo un peso muy superior al que ellos estaban levantando para que miren con cara de bronca.

Así hay muchas más y son todas pero todas realmente estupideces, no me cabe ninguna duda.

Ahora, si lo pensamos detenidamente... Qué más da? Los gestos menores absurdos son los que hacer que el  mundo sea más respirable.

Al fin y al cabo  como decía Bill Hicks, la vida es solo un paseo





jueves, 15 de noviembre de 2012

No means no

Por qué siempre es más difícil decir un "no" que ser receptor de dicha palabra y simplemente aceptarla? Por qué decidimos adornar cualquier negativa a un pedido si al fin y al cabo la resolución es la misma?

Decir que "no" a un favor se convertiría en un efecto social pésimo si  no decidiéramos jerarquizar las palabras que acompañan al rechazo. Generalmente delante a un "no" le agregamos un "puedo", pero casi nunca un "quiero" porque es casi tan fatal como el "no" a secas. Algunos son tan cobardes que traicionan hasta a su propia lengua diciendo "tal vez" que sería como el efecto de cerrar una puerta sin traba para que eventualmente se pueda abrir de nuevo y repetir el pedido.

A la larga no entender que el otro te diga que no lo describe más a uno mismo que a él. Por lógica deductiva, los favores a la larga son de ambos lados y tu "no" en el pasado se convierte en el "no" del otro  a futuro; como un preludio de una vendetta.

Probablemente por esa razón no soy muy popular, siempre trato que mis "no" se sobreentiendan, es decir, apelo a el uso de razón del otro en vez de generar una explicación que justifica mi decisión.

Pero en el caso de mi familia siempre traicioné mi forma de ser. Ellos dan por descontado que estoy en las buenas como en las malas, aunque generalmente les interesa que esté en la última opción y solo en la primera cuando esta se torna en la opuesta. Es decir, quieren que sepa que hay algo bueno que se convirtió en algo malo y que requiere mi pronta e ineludible inmiscución para resolverlo.

Hace unos días decidí romper la regla y decirle a mi sollozante padre (en ese momento) "no". Su pedido era por demás descabellado y esta vez si esperaba que se sobreentienda que decir que no era con causa más que justa. Mi padre seguramente también hubiera hecho lo mismo en mi lugar y se mofaría si yo le hubiera hecho ese pedido, de eso no me cabe dudas.

El problema es que mi viejo fue el que puso la garantía para que la ex de mi hermano pueda alquilar un depto. El problema es que ella prácticamente nunca pagó el alquiler generando una deuda de 13 mil pesos que puso en riesgo aquel departamento en la costa que tantas felicidades le dio a mi padre.

Por esa razón mi viejo no dudó en pedirme esa suma como si fuera un vuelto, como si estuviera obligado a hacerlo aunque supiera de antemano que el tenía el dinero para eso. Mi "no" resonó varias veces antes de que cayera de cuentas que irónicamente me sentía culpable por no ayudar, pero sabía que, al igual que en otras ocasiones; los préstamos familiares son en verdad meros regalos y que sinceramente no tenía ganas de perder esa cantidad de dinero. Ni hablar si aceptaba, me iba a encontrar en la situación de que ante cualquier encuentro familiar, tener que reclamar al menos una ínfima parte de esa suma que se que no me iban a dar.

Al final mi viejo depositó el dinero y mi hermano, al parecer indemne ante este tipo de situaciones, jamás hizo nada para solucionarlo. Pero la culpa reflota aunque sepa que ellos siguen estando equivocados, aunque vea a mi hermano y tenga ganas de sacudirlo de esta situación absurda y pedirle que se haga cargo. Pero solo veo a un hombre apabullado y con pocas ganas de vivir. A veces me asusta que me pueda pasar eso, espero que esa instancia quede anulada hasta en mi subconsciente.

Al final del día me sentía el malo de la película, es desalmado que no da una mano a su familia. Pero solo basta un poco de memoria para sentirme un poco mejor.


***

A diferencia de los "no" individuales, si un grupo de gente dice "no" suena reivindicativo. Cuando un grupo de personas sale a protestar por una causa (lejos de ser altruista) como sucedió hace unos días en nuestro país, desde afuera se ve como un acto más que justificado.

En estos casos importa más a quien se le dice "no" más que el emisor per sé. El receptor suele ser una entidad o un representante de la misma o mismo alguien que suele tener cierto control hacia tu persona (padre, jefe, etc).

El "no" apabullante convive con la idea de que no puede haber otra opción y no debería de haberla, si así fuese simplemente seríamos víctimas de un abuso de algún tipo.

Por eso hace unos días, cuando la empresa intentaba que volviéramos a trabajar 12 horas en vez de las 10 que desempeñamos actualmente, el "no" resonó por todo el  edificio. Ese error garrafal de la empresa de tratar a gente adulta como chicos de 20 años les salió bastante mal.

Porque inclusive si uno de nosotros acepta bajo presión cualquier tipo de cambio, el grupo lo persuadiría para que se una al "no" con argumentos devastadores.

Y así es como las 10 horas siguieron siendo la dieta de nuestro régimen tanto absurdo como rutinario y aquel conflicto de las 2 horas gratis quedaron en el olvido.


Lástima que en mi mundo personal decir que no me sigue trayendo demasiados problemas.







domingo, 28 de octubre de 2012

It´s evolution, baby

Recuerdo cuando mi ex me regaló el que sería mi primer celular, allá en el 2006. Como toda nueva tendencia cumplía su rol de ser completamente innecesaria exceptuando tal vez para aquellos que le daban un uso más comercial.

Más allá de apreciar el regalo de ella, con el tiempo me di cuenta que ese acto de pleitesía tenía motivos ulteriores, saber específicamente donde estaba en cualquier momento. Nunca me resultó importante hacerle saber a los demás donde estaba, pero ahora al parecer era algo vital. Como tantas cosas en nuestra vida, solemos agregar la mayor cantidad de adminiculos y los convertimos en vitales cuando no deberían de serlo.

El celular al igual que otro medio frío de comunicación nos genera una dependencia a no tener que decir las cosas en la cara y nos forja una falsa idea de seguridad, preferimos comunicarnos al otro sin tener que ser víctimas de reacciones reacias de manera directa.

Hace una semana atrás, una chica con la que pasaba buenos momentos, me preguntaba vía celular que tipo de relación teníamos. Al ver donde llevaba esto, le pregunté si no era mejor hablar esto en persona específicamente por 2 razones. Primero porque consideraba que la respuesta que le iba a dar no le iba a resultar agradable y quería darle un toque más humano; segundo porque me daba tremendamente paja tener que escribir tantos caracteres en el celular y al fin y al cabo nos veríamos eventualmente.

Lamentablemente y ante la insistencia de ella de que le de la respuesta, respondí con bastante molestia que éramos "solo amantes". Su réplica no tardó en llegar confiriéndome todo tipo de insultos sobre mi falta de compromiso a alguien que ni siquiera le dije un "te quiero" las 10 veces que la habré visto e inclusive siquiera pasamos una noche juntos. A esto sumado que no era la única mujer que veía y ella lo sabía claramente.

 Más allá de que sinceramente no tenía ganas de hacerlo, le dije por segunda vez de vernos y acabar con este entuerto pero ella se negó; decía que no quería sufrir una discusión que la dañaría más. Me aliviaba un poco ya que podía llegar a entender eso, no podría dejar de admitir que me sentí en el lugar de ella alguna vez y no es algo grato volver a ver a una persona que te hizo sentir mal. Además de que sinceramente no tenía ganas de estar de mal humor de nuevo, no sentía nada profundo por ella por lo que valiera la pena sufrir stress alguno. Finalmente apagué el celular y me fui a dormir, al otro día tenía una exorbitante cantidad de mensajes que pasaban del "te amo" al "te extraño" y finalmente a un "TE ODIO" en unas determinantes mayúsculas. Solo un celular te da la opción de ser tan volátil de manera tan poco comprometedora y en tan poco tiempo.

Cosas que pasan, calculo.


***

A mediados de los 90´s el concepto de emergentología de las prepagas tuvo un giro comercial bastante esperado. Tratando de superar el servicio público que solo brindaba una cobertura en el caso de un riesgo inminente de vida, la salud privada decidió que los médicos debían ir a los domicilios para atender cualquier síntoma que tenga el socio por más menor que sea.

Esto produjo ver situaciones irreales de ambulancias para atender una simple fiebre o una tos, algo que hasta el dìa de hoy me resulta indignante. Con este tipo de movida, la prepaga generó un mal acostumbramiento de la gente que a su vez produjo algo realmente nocivo para la gente que puede costearse este servicio. La demanda del servicio se quintuplicó y debido a ello las demoras se trastocaron para cualquier tipo de pedido. Hoy por hoy nos encontramos con que un código rojo que debe demorar menos de 15 minutos supera los 40, nos encontramos con que lo que mayormente  le indigna al asociado es que el médico tarde 6 horas para que llegue a su domicilio y le prescriba un jarabe para la tos.

La idea del bienestar individual supera la necesidad urgente del otro, las prepagas se ven cómodas con el hecho de ser responsables de que decenas de personas se mueran por día por un servicio claramente ineficiente y mal adecuado incumpliendo su función más básica. Al fin y al cabo, ellos solo quieren darle salud a quienes no lo necesitan, los realmente enfermos producen pérdidas.

Lo más triste es que mucha gente está contenta porque no tiene que levantar el culo e ir a una guardia. Mucha gente está contenta porque se queda tirada en la cama esperando a un médico mientras tenga que evitar colas en una clínica. Al igual que les sucede con el celular, la gente decide que tener el menor contacto con el resto de la población es una excelente idea y si se puede resolver su vida sin tener que salir de su propiedad, mucho mejor.

Porque en los tiempos que corren, alienarse es la solución de todos nuestros males al parecer, los avances que estamos sufriendo hoy son un factor clave en esto.

jueves, 11 de octubre de 2012

Feeding the soul

Es como estar 1000 metros bajo el agua, ver como se escapan las burbujas de tu boca y tratar de juntarlas con la mano desesperadamente para poder seguir respirando. O como cuando te cruzás con la famosa pared invisible, aquella que por más que golpees y puedas ver lo que hay del otro lado te resulta imposible llegar.

Eso es el bloqueo de escritor, eso es lo que sentí hace unos días mientras trataba de fulminar un capítulo de mi tan mentado proyecto. La frustración se tradujo en palabras que derivaban a adverbios y tiempos incompatibles, redundancias y hasta horrores gramaticales que me estaban sacando de quicio.

Decidí aprovechar el trámite de llevar la ropa sucia a la casa de mis viejos para poder volver a las raíces. Volver a reencontrarme con los libros que me forjaron alguna vez, mucho antes de ser cooptado por la tecnología y convertirme en una ameba llena de desidia frente a cualquier creación artística.
No era un disfrute pleno visitar a mi familia, de hecho si pudiera daría mi reino en formato monoambiente por un puto lavarropas, pero ni siquiera el inmueble es mío para dicho ofrecimiento.

Cruzar el largo pasillo de la casa que separa la entrada y mi ex-hogar me produjo un nudo en el estómago. Recuerdo que no hace mucho mi perro me venía a saludar cada vez que realizaba las esporádicas visitas familiares. Corría torpemente hacía mi y me olía para reconocerme, para después dar el visto bueno moviendo la cola frenéticamente. Hoy siquiera se da cuenta que estoy y aunque sorpresivamente me sigue reconociendo, su cuerpo no responde a sus ganas de recibirme, es evidente que ya no le queda mucho tiempo.

Por suerte y por el contrario, mi vieja estaba muy bien de salud. Una muestra de ello, paradójicamente a la felicidad que me produce su bienestar, son sus saludos cínicos donde suele compararme con el hijo del vecino ya que es un emprededor porque tiene su negocio propio. El detalle que siempre se olvida mencionar es que sus padres le compraron y le consiguieron todos los menesteres posibles para tener dicho emprendimiento.

Después de los saludos pertinentes y con la gracia no premeditada de que justamente no estaba mi viejo, me metí en lo que solía ser mi pieza para buscar los libros. Al entrar me encuentro con muebles que habían quedado abnegados a un improvisado galpón que tienen en la terraza. Por encima de una desvencijada mesa de luz encuentro al menos 5 libros. Recuerdo con nostalgia de ese grupo a "Simbad el Marino" que lo habré leído a los 8 años y por el otro teniendo prácticamente el doble de edad "El libro de la risa y el olvido" de Milan Kundera. Ambos fueron vitales para entender ciertos aspectos de mi vida, el primero mi relación con la religión, el segundo mi relación con la política y esa frases tan cargadas de sentimientos que amagaban a un paroxismo constante.

Lamentablemente eso no fue suficiente, me di cuenta que releer cualquier libro, sea Asimov, Shakespeare, Cortázar o Lovecraft, no me iba a ayudar a expandir los horizontes; iba a tener que comprar libros nuevos. El problema es que ya tenía 2 libros nuevos y ninguno me despertó la imaginación pero que otra opción me quedaba?

***

No existe un trabajo que no esté emparentado con el arte que no promulgue la monotonía. Tengas un título universitario desde abogado o de ingeniería de informática, nadie está exento de trabajar decenas de horas semanales cumpliendo a rajatabla una dieta repetitiva e insulsa laboral.

Se imaginarán que en el caso de aquellos trabajos que no se requiere especialización previa (aunque sigo creyendo que no todos tiene madera para esto) como el de emergencias el tedio es mucho mayor. Acá no ponés en práctica lo que te mataste estudiando, en este caso solo te limitás a repetir lo que te dicen; sin mucha expectativa al respecto. 

Por eso a veces me asusta ver gente tan grande haciendo este trabajo, por eso me asusta haber vuelto a esto como si fuera un laberinto sin salida; el seguro que mantiene mi emancipación de manera más que vital.

Mi mejor amigo, recibido de diseñador gráfico, me lo hizo entender hace unos días 

- Ellos se creen tus dueños y nunca llegué a hacer lo que quise en este lugar

Después de 6 años trabajando en ese lugar, mi amigo decidió retomar los estudios; le pareció que la carrera de psicología era lo ideal. Si uds lo conocieran tanto como yo creerían que es el peor chiste mejor contado de la historia. Pero le hace feliz y lo banco.


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La entrada de los cines del Village Caballito es gigante. Ya de por sí quedarme esperando del lado de afuera del predio me resultaba incómodo porque estaba repleto de gente y como si fuera un agorafóbico en recuperación, solamente aguantaba el amontonamiento en los recitales.

Me fijo la hora en el celular y justo recibo un mensaje de ella que me decía "bancame media hora más, ya llego". Seguramente era una venganza de la cantidad de veces que yo había llegado tarde y me estaba pasando factura. Algo entendible tal vez si realmente fuéramos tan amigos o en su defecto algo más que una necesidad de saciar la lujuria de ambos.

Más allá de que odio esperar, la oportunidad de entrar a la librería del complejo me resultaba más que tentadora. La última vez que pasé por allí recuerdo haberle comprado a un compañero de trabajo un libro de autoayuda o algo así en favor de una medicación que supo regalarme y que era importante para mi ya que la neumonóloga me había indicado que la iba a tener que utilizar de por vida por haberme descuidado.

Siempre que entro a Cúspide recuerdo esas incontables horas de quedarme dando vueltas buscando libros o tomando algo en la cafetería mientras leía por arriba las biografías de personajes que me resultaban interesantes.

En este caso no había ni ganas ni tiempo que perder con eso, mi plan era comprarme 3 libros y ver de que manera alguno de ellos me podía generar esa apertura necesaria.

Me encuentro con un simpático libro en formato postal de Bukowski donde muestra su recorrido por el mundo. Estaba por llevarlo hasta que vi un libro aparejado en el fondo, única copia y visto desde un lugar que no resultaba atractivo para venderlo. Desconocía cual era el autor pero tanto el título como el género me atrapó. Para cargar un par de puntitos den la tarjeta también decidí llevarme "Las partículas elementales" de Michel Houellebecq. Ya había leído "Ampliación del campo de batalla" del mismo autor y me pareció una buena idea no perderme esta continuación discontinuada (valga la redundancia).

Cuando salgo del local, agarro el libro que me había atrapado en un principio y lo empiezo a devorar. Estaba tan ensimismado con el texto que no me di cuenta que nuevamente la hice esperar. Ella estaba pegada a la escalera mecánica que daba a las salas.  Sinceramente no recordaba que película íbamos a ver pero le ponía más expectativas a los avances, algo que últimamente en base al alicaído cine actual se convirtió en hábito.

Mientras nos sentamos en nuestras butacas amagué con sacar el libro pero ella me mordió la boca en señal de protesta. Calculo que podría esperar hasta mañana para empezar a leerlo.




***
En el trabajo nada cambió, el libro seguía siendo el centro de toda mi atención y hasta pedí a mis compañeros que me cubrieran en los llamados. No había necesidad de explicación, el libro simplemente estaba cumpliendo su cometido con creces. El aluvión de ideas caía mientras avanzaba página por página y sabía que antes de llegar a casa lo iba a terminar.

Una tormenta se desplazaba por la ciudad mientras me bajaba del colectivo. Sin sacarme el libro de encima pasaba por debajo de los toldos para poder afectar lo menos posible el encuadernado y las páginas. Pero no podía parar de leer, a esta altura las gotas que castigaban el papel no le quitaban legilibilidad al texto por lo cual no había una excusa clara para parar de leer.

Hasta que llegás a casa, te sacás la ropa mientras leés los últimos 4 párrafos y te emocionás. Te secás el cuerpo, te sentás en la pc y abrir uno de los tantísimos bloc de notas que conforman tu obra.

"Bienvenida.... imaginación"

martes, 2 de octubre de 2012

The false-true being theory

"Te dije un peso veinte! No uno veinticinco!"

Últimamente viajar en colectivo me convertía en partícipe de  una especie de proyecto de bioesfera de la clase media. La gente se apretuja adelante para no dejar subir a los demás, si hay un asiento solitario libre prefieren dejar el de acompañante para estar solos o inclusive piden bajar donde no le corresponde la parada. Todos actos en beneficio propio.

En este caso en particular, un imbécil estaba discutiendo con el chofer por un error técnico. El conductor había presionado erróneamente un monto mayor del que había solicitado el pasajero y esto produjo que su tarjeta sube tuviera 5 centavos menos de sus 40 y pico de pesos restantes.

Cómo sabía el monto de su tarjeta? El tipo decide armar un discurso frente a los pasajeros tan flaco de ideas como las protestas reinantes que éstos últimos días que tuvieron lugar en las calles más onerosas de la ciudad. En este discurso comenta con orgullo que es de clase media, lo que gana por mes y hasta cuanto dinero tenía encima. También refiere que está cansado de que le roben hasta 5 centavos el colectivero y afirma, con total seguridad, que esto es una maniobra del gobierno para que todos seamos pobres. Me sorprende el discurso, muchas veces en medio de un acto de ira mostramos inequívocamente nuestro verdadero ser, aquel que en muchos casos son funestos.

Un par de personas aplauden. Suelo ser bastante sinvergüenza con la gente pero la vergüenza ajena es algo que me cuesta horrores lidiar. Por eso desde el fondo, sentado, tironeo la capucha de mi buzo tapándome la cara como si eso me hiciera desaparecer del lugar.

Hay muchas cosas que criticarle a los colectiveros pero realmente un error de este tipo no ameritaba esa critica, mucho menos convertirlo en protagonista de un complot inexistente. Por suerte para el, curtido en este tipo de diatribas, le responde con cierta altura.

-Tomá, acá tenés 10 ctvs, quedate con el vuelto; creo que mis hijos van a poder comer igual.

Los pasajeros se molestan y lo tildan de maleducado, a mi me resulta un pequeño triunfo verbal de parte del chofer frente a un ignorante.

Durante el trayecto en el colectivo me quedo dormido, suele sorprenderme como hoy día no tengo problemas para dormir como si esa dificultad hubiera entrado en gracia con el resto de mis problemas y me dieran un impasse de descanso.

Pero todo lo positivo conlleva a tramos negativos en mayor o menor medida. En este caso nuevamente me pasé aproximadamente 20 cuadras de mi casa, al bajar estaba tan dormido que no sabía si eran las 6 de la mañana o las 8 de la noche, había nubarrones que jugaban con la medida  de percepción del día. Si a eso le sumamos que duermo cuando tengo tiempo y puedo ajustar mis ciclos de vida definitivamente me encontraba confundido.

Ya en el ascensor del departamento veía mi reflejo en el espejo y parecía que mis ojeras me delataban; los próximos 10 minutos iba a estar frito en el sillón-cama de mi monoambiente. "Antes me tengo que bañar" pensaba por dentro mientras trataba de encajar la llave en la cerradura. Solo pasaron 5 minutos de ese hecho para darme cuenta que estaba en la cama y me estaba despertando el ringtone del celular; probablemente me haya olvidado de cambiar por décima novena vez la alarma. La ducha? Bien gracias.

Cuando voy a apagar la alarma me doy cuenta que era una llamada... mi hermana.

Generalmente mi hermana llama por 2 cosas, una para pedirme algún favor que sabe de antemano se lo voy a dar; la otra es por que se peleó con mi vieja. Los favores son de respuesta rápida, generalmente antes de que termine la oración le digo "Si dale, no hay problema" con tal de que me deje ir a dormir, pero lamentablemente en este caso era la opción 2.

Me hinchaba demasiado las pelotas las peleas familiares, el hecho de emanciparme de mi familia en mi caso venía por razón de partida doble, zafar de esas constantes disputas me quemaban el cerebro. Sabía que esta llamada iba a durar al menos media hora más, por lo cual decidí ponerla en altavoz y dejar que hable hasta el hartazgo y aprovechar a pegarme esa adeudada ducha.

Mientras me bañaba escuchaba a mi hermana decir cosas que sabía que no sentía seriamente sobre mi vieja pero igual la escupía con total claridad, era el odio sin sentido que hablaba. Automáticamente me acordé del tipo del colectivo, aquel que en su momento de ira revela un pensamiento atroz que linda lo fascistoide. Sentía que mi hipótesis se desdoblaba por no decir que quedaba fútil, evidentemente la bronca puede tener al menos 2 facetas a la hora de decir cosas, no es como la borrachera; que según dicen, es el suero de la verdad en su versión alcoholizada.

Después de 15 minutos salgo de la ducha y levanto el teléfono, me sigue sorprendiendo como no espera durante todo ese tiempo al menos un "ahá" para saber que estoy del otro lado. La despido tranquilo a sabiendas de que en una semana van a volver a hablarse como si nada hubiese pasado.

No estoy terminando de cortar cuando veo un mensaje por whatssAp. "Nos vemos esta noche? Hago unaspizzas" Una "amiga" que probablemente si realmente lo fuera sabría que hoy mi itinerario fue un caos y no me molestaría, pero bueno, no quiero decirle que no una 3ra vez y al fin y al cabo que son 30 horas sin dormir?


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Las festividades en el trabajo traen consigo guirnaldas, globos o adornos molestos del mismo tipo. La primavera no era una excepción, de hecho había que sumarle esas florcitas de papel maché que adornaban los box de cada empleado, una atrocidad.

En estos casos trato de evitar la mayor cantidad de gente, el turno tarde suele ser muy efusivo en estas ocasiones y sacar fotos. Por mi parte no me interesaba fraternizar con gente que solo veía 2 horas; al fin y al cabo yo soy del turno noche y mi deber de convivencia se los debía a ellos.

Igualmente claro, no deja de sorprenderme ver gente "disfrazada" por la ocasión mientras se abrazan como si fueran amigos de toda la vida. Personas que uno conoce y sabe que se odian deciden ser falsos y participar de fotos que seguramente terminarán en algún álbum del facebook titulado "Primavera con mis amigos del laburo" o alguna pelotudez así. La tranquilidad les daba el aire suficiente para formar parte de esa charada.

Por eso la teoría de la ira en este caso estoy seguro que se aplicaría, me preguntaba cuántos de ellos se cantarían sus verdades en una situación que implique un perjuicio por alguna disputa en particular. No habría palabras elocuentes de por medio ni buscar consenso, seguramente se putearían y evitarían hablarse nuevamente; al menos hasta que llegue la próxima festividad, claro.

Cuando me siento en mi lugar no puedo evitar escuchar la conversación por celular de una compañera con el que pareciera ser su novio, o tal vez ex. Los gritos daban esa pauta y parecía muy enojada. Lo distinto a lo que había experimentado con mi hermana era que los gritos no venían acompañados de frases dolientes sino cariñosas, como si decidiera buscar desesperadamente una solución.

A esta altura mi teoría tenía demasiadas aristas, el nivel de factor humano tenía realmente implicancia vital en la sinceridad de las personas; ser extremamente sincero no es potestad de la ira o de la calma.

Prendo la pc y decido revisar el mail personal antes de empezar a trabajar. Al parecer había recibido un correo de una editorial donde mandé 1 cuento. No esperaba una respuesta tan larga, deshojando las palabras presuntuosas había una frase que realmente me molestaba "Y el final donde está?". Al parecer para una editorial los cuentos no pueden tener final abierto, no sabía que se podía tener un concepto tan hollywoodense sobre una historia de pocos renglones.

Resoplo con cierto hartazgo y decido borrar el mail que seguramente responderé en unos días con el cuento reformado o con un simple "Gracias".

Justo debajo de ese mail había omitido otro. Era una "amiga" que me decía en pocas palabras si me iba a "animar" hacer lo que habíamos hablado la otra noche. Borro el mail y me paso la mano por la cara tratando de despegarme un poco el sueño.

Era otra noche más en el trabajo.

 
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